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He intentado usar un netbook en 2019 y esta ha sido mi pesadilla

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He intentado usar un netbook en 2019 y esta ha sido mi pesadilla

Hace ya varios años que no se usan los conocidos como netbooks. Los miniordenadores ya quedaron en el pasado, debido al aumento de la efectividad del hardware sumado a la proliferación extrema de los smartphones. Aún siguen entre nosotros, pero de una forma redundante y a modo de recordatorio de vestigios del pasado.

Pero en una vuelta al pasado he querido ponerme en la piel de aquel usuario que dependía de ellos hace tanto tiempo. Sí, me he dispuesto a usar un netbook en 2019. Y sí, este artículo estará escrito en uno de estos pequeñines. Queda claro algo obvio: son absolutamente inútiles en el 2019.

Una pequeña gran idea convertida en un enorme inconveniente

Este artículo, como decimos, está escrito en un netbook, y antiguo de hecho. El ordenador es un HP Compaq Mini con, ojo, un Intel Atom de 2 núcleos trabajando a unas frecuencias de 1.6 GHz. La RAM es 1GB y la memoria interna unos 250 GBs en disco mecánico. No hay que ser un lince para averiguar que lo primero ante lo que nos encontraremos es un rendimiento pésimo.

Por motivos obvios, su pantalla de 10 pulgadas no todos los elementos caben en ella, y esto influye en un rendimiento que, ya de por sí, es absolutamente insoportable. Iniciar Google Chrome lleva entre 8 y 9 segundos, dependiendo de cómo de caliente esté el PC. Windows 7 puede apenas soportarse en este miniordenador, que además, al tener un disco mecánico, consigue que incluso la tarea más básica lleve un rato.

He intentado usar un notebook en 2019 y esta ha sido mi pesadilla

¿Por qué esto es una combinación explosiva? Al no tener una potencia nada buena, este ordenador queda relegado a tareas de ofimática básica, es decir, trabajo y navegación por redes. Sumado al hecho de que apenas se puede hacer nada en una pantalla de 10 pulgadas dónde la distribución de los elementos no es la óptima, resulta en una falta de capacidad para realizar las tareas más normales que acaba fastidiando al largo rato.

Y ese es el mayor problema que tengo con este netbook. Dejando a un lado que podemos optar por un SSD e instalárselo (lo cuál sería invertir en un producto que no merece la pena), este tipo de ordenadores no son recomendables incluso para el mismo propósito de uso para el que se crearon. Porque literalmente tardas menos en coger un dispositivo con una pantalla algo más pequeña con el que se pueda navegar. Exacto, hablamos de los smartphones.

Porque incluso la diferencia de tamaño de pantallas lo hace así de claro. Pensemos; por 4 pulgadas menos de pantalla, tenemos los mismos elementos mal repartidos en la pantalla y un rendimiento en navegación web muchísimo más alto. Por el contrario en el netbook por esa ganancia de tamaño no podemos siquiera abrir una página de YouTube sin que el vídeo vaya a trompicones. Y el trackpad enano no ayuda.

Cargar simplemente una página es un sufrimiento que no recordaba ver desde la época en la que incluso el hardware más top provocaba lageos y tirones en la interfaz. Abrir aplicaciones supone un calvario que en muchísimas ocasiones ni se puede efectuar debido al poco tamaño de la pantalla. Por lo tanto, es prácticamente inusable.

El resto del PC está a la altura de las condiciones

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Muchos podrían pensar que poniendo un SSD la experiencia sería lo suficientemente buena para que ese extra de pequeñez y llevabilidad lo hicieran un buen ordenador en caso de necesitar uno y que el móvil no fuera suficiente. Y tendrían razón… sino fuera porque al ser un ordenador pequeño, los componentes están a la par.

El giga de RAM que posee este Compaq lo hace muy limitado; mantener una pestaña en Chrome no es una opción y como decimos en ese aspecto el móvil le da mil vueltas al netbook. El procesador Intel Atom nos permite ofimática básica que incluso en esas está lastrada por unas bajas frecuencias del procesador y una cantidad de núcleos muy recortada. Además, el disco mecánico ha visto días mejores y se nota incluso en el uso diario que no está al 100 por cien. Por no decir que la escritura y lectura de un SSD no podrían ser suficientes.

Además, tenemos el horripilante factor de la batería. Esta consigue que el factor de la movilidad se inunde en el fango; ¿para qué estar recortados por una batería cuando en nuestro móvil tenemos el mismo condicionante pero con un mejor resultado? Los netbooks dejaron de fabricarse hace años, y por lo tanto la gran mayoría de estas están tan degradadas que apenas duran un par de horas. La de este netbook no es para menos.

Apenas he conseguido estar lejos del cargador más de unos pocos minutos. Las baterías de nuestros smartphones son cada vez más duraderas y gracias a los servicios técnicos son fácilmente cambiables. Prueba a buscar una batería de un netbook nueva para ese modelo concreto. Los fabricantes no optaron por un estándar conjunto para las baterías de los viejos netbooks, por lo que el que quisiera un recambio debía llevarlo o bien al servicio técnico o depender de la segunda mano.

Conclusión: menos mal que los smartphones mataron a los netbooks

He intentado usar un notebook en 2019 y esta ha sido mi pesadilla

Hace ya unos años que los netbooks murieron, y en nuestro día a día ha quedado latente un legado de esos días: los smartphones. Son prácticamente ordenadores de bolsillo, que son capaces de suplirnos en muchas tareas que un ordenador ya no es capaz de ofrecer con diferenciación. De hecho (por mucho que Apple se empeñe en lo contrario) las tablets no ofrecen un rendimiento exacto al de un PC pero sí muy similar.

En estos años los netbooks han pasado a mejor vida y es mejor que siga siendo así. Los fabricantes tenían este método para vender productos de forma fácil y sencilla gastándose muy poco dinero en unos ordenadores ideales para las primitivas necesidades tecnológicas de la fecha, y salvando muchísimo las distancias eran una suerte de estafa. Hardware extralimitante vendido a un costo muy superior al que le ha llevado invertir a la marca.

Pero a diferencia de los netbooks, los smartphones han evolucionado hasta tal punto que ya no tienen dificultad alguna en cumplimentar todas nuestras necesidades. Avanzaron, crecieron y supieron optimizarse para no salir de su mercado arramblando por contra a las consolas portátiles y a esta clase de ordenadores por ofrecer, incluso en sus gamas más bajas, algo más que suficiente para el usuario.

Así que tras esta amarga jornada en la que he tenido que enfrentarme a mi yo amante de los ordenadores del 2009, debo dejar claro lo siguiente: espero que no haya ningún fabricante que se atreva otra vez con esta moda, ya que al final los que sufriremos no serán los fabricantes, sino nosotros. Y con Android Go dando coletazos, ya tenemos más que suficiente.

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